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 Capítulo 13 (RH)

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MensajeTema: Capítulo 13 (RH)   Jue Jun 04, 2009 8:20 pm

DÍAS DE ALEGRÍA EN EL BOSQUE DE SHERWOOD

El asalto al castillo de Hugo de Reinault había sido un rotundo éxito. Una vez puestos en fuga sirvientes y soldados, los hombres de Robin cargaron con todo lo valioso que había dentro y provocaron el incendio de la fortaleza. Así no volvería a ser utilizada contra ellos por otros adeptos del príncipe Juan.

Había algo, no obstante, que asombraba a Robin. Cuando abandonaron el castillo en llamas, había buscado al misterioso caballero que se había unido a la arriesgada expedición. Ni rastro de él. Nadie recordaba haberlo visto en los últimos momentos.

La tranquilidad era absoluta en Sherwood; los principales enemigos de los allí refugiados habían sido eliminados. Aun así, Robin Hood y los suyos sabían que no podían bajar la guardia. Sin duda, el príncipe Juan, ayudado por otros barones fieles, seguiría cargando contra ellos.

Robin se preguntaba cuándo acabariá esa lucha sin cuartel. Cuándo podrían vivir en paz, sin tener que esconderse, sin ser considerados ciudadanos fuera de la ley.

Un buen día, Robin y los suyos recibieron una visita sorprendente. En medio de la espesura apareció el misterioso caballero del que nada habían vuelto a saber desde el asalto al castillo del señor de Reinault.

Tras el efusivo recibimiento del que fue objeto el noble visitante y sus muestras de sincero agradecimiento, se alejó con Robin hasta la cabaña de éste.

-Espero que hayas resuelto unirte a nosotros -dijo Robin.

-No es así exactamente, Robin. Escúchame ahora con mucha atención. Yo soy el rey Ricardo Corazón de León.

Robin quedó estupefacto al oír aquellas palabras. Hincó sus rodillas en el suelo y emocionado besó la mano de su añorado rey.

-Ahora soy yo el que necesita vuestra ayuda, Robin. Convoca a tus hombres.

Robin salió de su choza y llamó a los suyos. Al momento, todos rodearon a Robin y su acompañante.

Robin tomó la palabra y, conteniendo su excitación, dijo:

-Amigos, hoy es un gran día. El día más feliz de todos los que llevamos aquí. Tenéis ante vosotros al gran rey Ricardo.

La multitud estalló en aplausos. Los vítores a Ricardo I de Plantagenet parecían no tener fin. Las lágrimas en los rostros manifestaban el hondo sentir de todos los presentes.

-He tenido la oportunidad de comprobar lo que todos habéis sacrificado por mí y os aseguro que, cuando recupere mi trono, dejaréis de ser proscritos y se os restituirá lo que hayáis perdido. Ahora tengo que pediros un último favor: que me acompañéis a Londres a recuperar lo que me pertenece. El rey de Escocia está en camino y se unirá a nosotros allí. Yo iré con vosotros.

-Será un gran honor acompañaros, majestad -dijo Robin.

Al día siguiente, Robin Hood y sus hombres, con el rey Ricardo a la cabeza, emprendieron la marcha hacia Londres.

El príncipe Juan había sido advertido de que las tropas escocesas se acercaban a la ciudad. Todo estaba dispuesto para repeler la ofensiva del rey escocés David de Huntington, sir Kenneth.

Cuando los dos ejércitos estaban a punto de enfrentarse en combate, Juan sin Tierra observó que su retaguardia se veía amenazada por un numeroso grupo de hombres armados.

-Señor, es la banda de Robin Hood -dijo uno de los vigías.

-Nos dividiremos. Atacaremos a la vez en los dos frentes. Somos suficientes para obtener la victoria -dijo el príncipe Juan.

El gran ejército de Juan sin Tierra se separó en el acto, dispuesto a librar la batalla. Pero, apenas unos minutos después, el príncipe Juan observó que de las filas de los soldados de Sherwood se adelantaba un caballero perfectamente armado.

-¡Detened el combate! -gritó el extraño caballero.

-¿Por qué tenemos que obedecer esa orden? -preguntó indignado Juan sin Tierra.

-Porque soy el rey Ricardo. Vuestro hermano.

En ese momento, en medio de un silencio sepulcral, Ricardo Corazón de León desmontó de su caballo y, despojándose del casco, dejó al descubierto su inconfundible rostro.

Todos lanzaron vivas al rey, unidos en un único clamor que se elevaba hasta el cielo.

-Perdonadme, hermano -dijo el príncipe Juan-. Cómo iba yo a sospechar que vos. . . Pensé que se trataba de otro ataque de Robin Hood... Que el rey de Escocia lo apoyaba...

-¡Cuántos errores habéis cometido, Juan! Os dejé un reino en paz. Confié en vos... Me legáis un país insatisfecho, enfrentado. Desde este instante quedáis desterrado.

A Ricardo Corazón de León se le humedecieron los ojos. Se sentía decepcionado, traicionado por su propio hermano. Nunca debió dejar el reino en sus manos.

Juan sin Tierra, acompañado de un reducido séquito, partió hacia sus posesiones en Bretaña. Pensaba que ya nunca volvería a Inglaterra, que en ese momento terminaba su papel en la monarquía inglesa.

El rey Ricardo abrazó y felicitó a Robin y sir Kenneth, ya rey de Escocia. Con ellos y junto a hombres sajones, normandos y escoceses desfiló triunfal por las calles de Londres. Poco después abrazaba a su querida esposa y a la reina madre.

Todo el país festejó la vuelta de su rey. Ricardo Corazón de León proclamó la igualdad entre normandos y sajones, y reintegró sus bienes a los desposeídos. Los barones normandos aprobaron estas medidas, cansados ya de tantos años de lucha.

Robin Hood fue nombrado conde de Nottingham y le fue restituido el título y la herencia legados por su padre.

Los miembros de la banda de Robin volvieron a las tareas que un día tuvieron que abandonar en pos de la justicia y de una existencia pacífica. Algo que habían logrado, después de tanto tiempo, gracias a la vuelta del buen rey.

Richard At Lea y su hija Mariana, tras los sufrimientos pasados, volvían a vivir juntos y en paz en el castillo familiar. Los sucesos vividos perdurarían por siempre en su memoria.

Poco tiempo después, Robin planteaba a su querido Richard At Lea una importante cuestión:

-Señor, deseo pediros la mano de vuestra hija.

-Sólo el cielo sabe lo que siento al escuchar tu petición, hijo. Erais unos niños cuando tu padre y yo soñábamos con ello –dijo conmovido el anciano caballero abrazando a Robin.

Dos meses más tarde se celebró la boda de Mariana y Robin. La ceremonia fue oficiada por el emocionado padre Tuck. Asistieron el rey y su esposa Berengaria, la reina madre, el rey de Escocia y su esposa, los principales barones ingleses y todos los miembros de la banda de Sherwood.

El rey Ricardo aprovechó la ocasión para recordar la importancia de las acciones llevadas a cabo por aquellos hombres y mujeres, y volvió a reiterar públicamente su reconocimiento.

La alegría reinó durante los tres días que duró el banquete. Los invitados brindaron por la felicidad de los recién desposados, a los que todos querían como a sus propios hijos.
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